lunes, 11 de mayo de 2009

VICTORIO

-No mirés más a la nena Victorio, ¿no ves como llora?
-Es linda la nena mamá
- Hacéle caso a mamá Victorio, que está cansada

La madre salió con su hijo detrás. Arriba, el sol trataba de quedarse un rato más en aquella tarde sin nubes. Victorio estaba cansado ya de tanto caminar.
Victorio quería una novia.

-¿Otra vez Victorio? ¿Otra vez más?.. ¿Qué te dice mamá? vos no podés tener novia. ¿Por qué Victorio, por qué?
-¡Dejáme a mi! ¡Dejáme a mi!
-¿A ver?
-Porque soy distinto.
-muy bien Victorio.

A Victorio le gustaba El aprendiz de brujo de Dukas. Lo había escuchado la vez que su madre lo llevó al parque a ver la filarmónica, con aquella amiga del taller de pintura. Tenía aquella mujer siempre más pintura en la cara que en sus cuadros. Ambas decidieron irse cuando Victorio no paraba de gritar y la gente empezaba a molestarse. Lejos ya, el hijo pudo escuchar el comienzo del famoso scherzo sinfónico

-Me gusta mamá
-¿Me lo decís en serio Victorio?
-En serio
-Me vuelvo Marisa…perdonáme

Desde aquella vez la madre lleva a todos lados la música de Dukas en su cartera.
A Victorio lo calma.

-Dejá en paz ese animal Victorio. ¿Qué te hizo el pobrecito?
-Nada
-Mamá está cansada Victorio, hacele caso a mami.
-No
-¿Querés escuchar tu música?
-Si
-Tomá. Ya nos queda poco.

Victorio toma la pequeña radio, y colocándola en su oído izquierdo escucha atento.

-Mirá Victorio mirá, ya llegamos. Allí está papi en la puerta, esperándonos. ¡No corras Victorio, no corras!

Victorio, de treinta y nueve años.
el que no puede tener novia, por ser distinto.
el que escucha a Dukas y se olvida del mundo.

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