lunes, 11 de mayo de 2009

No fuimos los mismos desde entonces

De verdad que un hijo cambia las cosas. De eso no hay dudas al respecto. Admito que no estuve con él en sus últimos días, como una madre debiera estarlo, pero me tranquiliza saber que José tuvo a su lado a dos de los seres mas complejos que jamás conoceré: Nicolás y Álvaro; hijo y padre respectivamente. Con Álvaro la verdad es que no nos llevábamos bien hasta que todo esto pasó. Cuándo me casé, creí que al hacerlo no lo vería nunca más y como buena romántica que fui, me imaginaba lejos de él e Isabel, pero las cosas fueron perdiendo su color de rosa, bueno mejor dicho “mi” color de rosa, y de ahí en más fueron frecuentes sus visitas a nuestra primer casa, donde nació José, doce años atrás. Yo era buena con ellos y los trataba de lo mejor aunque ellos no me correspondiesen, hasta aprendí a cocinar esa tarta que tan bien hacía mi suegra y que tanto me pedía Nicolás, para demostrarle a ella que yo podía ser una buena mujer para su hijo. Después descubrí que Álvaro era diez veces peor persona que ella. Me denigraba completamente con comentarios acerca de sus generaciones pasadas, de su apellido ilustre, y aunque nunca me llegó a decir que no merecía a su hijo, muchísimas veces me lo dio a entender. Cuando José tenía dos años Isabel no se despertó una mañana, justo habíamos empezado a entendernos con mi señora suegra. Días atrás habíamos conversado de algunos temas por horas mientras con una taza de café mirábamos llover por la ventana de la cocina de la por entonces casa nuestra. La recuperación de Nicolás fue dura, le costó mucho sobreponerse a la muerte de su madre, a la cual veía (al igual que yo deduje desde el primer día en que la vi) como una persona fría y siempre distante. El viejo simplemente con su silencio se aisló en su rancho de la playa como por dos semanas y una tarde apareció en casa con una sonrisa enorme, como si nada hubiese pasado. Pero lo que importa realmente es el trato de ambos para con mi pequeño. Siempre habían sido mas que compinches, no sé por que, pero el viejo tenía la capacidad de transformarse en un verdadero payaso cuando jugaba con José y le leía por las noches durante su enfermedad, lo cual despertó en mi hijo una insaciable voracidad por la fantasía, como un escape que al final lo ayudó a morir en paz. Lo reconozco. Nico era igual, y por eso me enamoró: tenía la capacidad de hacerme reír, de hacerme sentir bien cuando más lo necesitaba. No se como lo hacía, pero yo me sentía distinta a su lado y me alcanzaba con eso. Cuando veía al viejo sentado en la cama de José, compenetrado en la lectura, veía como el niño lo miraba y era una forma de ver que nunca usó para con nosotros, sus padres. Realmente quería a su abuelo más que a nosotros. Pero Nico pudo lidiar con eso. Yo no. Por lo que deduzco que mi amor para mi hijo nunca fue lo incondicional que debiera haber sido. Nico tuvo la idea del disfraz, de mirarlo a los ojos lo mas parecido a Álvaro que pudo, de leerle en la cama horas después de muerto el viejo, e imitarlo hasta en lo más mínimo sin que se le cayese una lágrima sobre aquellas sábanas, para que el niño nunca en sus delirios notara la diferencia. Eso es amor incondicional, no el mío, desde atrás de una puerta, no pudiendo controlar la tristeza. Después que todo pasó nos vimos a nuestras caras destruidas con ojos de otros, acabábamos de perder tal vez lo que nos mantenía unidos. Pedro, amigo de años, se llevó a Nico por el fin de semana y hasta hoy no sé que fue lo que hicieron esos días. Yo, como buena débil, volví a la contención materna como por una semana, por lo que cuando regresé lo encontré a Nicolás resignado, sentado en un sillón con uno de los libros de su padre abierto en el cuento de Hansel y Gretel, del cual reconocí las ilustraciones. Parecía estar en calma consigo mismo, lo que me ayudó mucho y me dio esperanzas de que aquellas miradas que habíamos cruzado la última vez no fueran más que un mal sueño. Pero bastó que nuevamente nuestros ojos volvieran a encontrarse para saber que esto no era cierto. Simplemente no fuimos los mismos desde entonces, ni lo seremos. Fallaron quienes apostaron por nosotros, o por ese amor que surge de las condiciones mas adversas, ese que no era el nuestro.

No hay comentarios: