lunes, 11 de mayo de 2009

Los viajeros

A Marcelo; por su interés

A esas personas que pasan por nuestra vida, y que siempre recordamos una y otra vez por algún motivo para mí desconocido, les he llamado aquí los viajeros, con el simple sentido de identificarlos de esa gente que volvemos a ver después de mucho tiempo y de muchos cambios. A los viajeros no los vemos nunca más. Y es por eso que me tomo el derecho a veces de imaginar que han hecho con sus vidas, o donde estarán en el preciso momento en que los recuerdo. A los viajeros se los ve como es lógico, de diferente forma con el correr de los años. Cuando somos niños ellos también lo son a veces, y pueden despertar en nosotros los mas variados sentimientos.
Recuerdo sentir celos de Alex.
Llegó a la escuela por Julio, lo cual ya me resultó extraño desde un principio. Era callado y siempre respondía bien a las preguntas sobre cada tema. Parecía ser mayor que nosotros, y siempre vi en su rostro que no pertenecía a ninguna parte, o tal vez que buscaba pertenecer a algo. En los recreos se unía a nosotros de forma pasiva, simplemente escuchando lo que hablábamos y asintiendo con la cabeza en señal de aprobación siempre. Fue el fenómeno que paralizó a más de una niña y el sujeto capaz de mantener a la maestra viéndolo sin ningún sentido, con una sonrisa en la boca y por varios minutos.
Admito que era un viajero especial, pero los viajeros siempre se van y Alex se fue así como así. Un día que parecía ser normal, salimos al patio y la maestra dijo:
— Nuestro compañero Alex se va hoy, y de parte de todos nosotros como maestra le deseo la mejor de las suertes —y lo besó en la mejilla izquierda.
Luego el niño salió caminando de entre nosotros (que lo rodeábamos) y se fue caminando hacia la salida de la escuela. Si. Simplemente se fue caminando, sin nadie que lo viniese a buscar, sin nadie que tomara a aquel niño de ocho o nueve años de la mano y le enseñara el camino. Recuerdo que aquel día me molesté con mi madre por irme a buscar a la salida. Mediaba octubre.
Alex es simplemente uno de mis viajeros, tal vez el que prefiero, por los sentimientos encontrados que hasta hoy me inspira. Pero hay muchos más, y cada tanto hacen un segundo viaje hacia aquí, pero a mi memoria, y juego a intentar reconstruir sus vidas a mi manera, a devolverlos a ese instante en que los conocí y que bastó para que se quedasen y reapareciesen de vez en cuando.
Creo que todos debemos de tener nuestros viajeros, solo que a veces nos cuesta diferenciarlos de las personas comunes. Los viajeros nos hacen pensar, y son un elemento de referencia y comparación. Como lo fue Rosaura, que siempre tenía una sonrisa en su boca, y yo creía que era feliz simplemente por eso, por sonreír. Y que parecía no importarle su pobreza extrema, su total desaliñe. Sonreír le abría puertas en el sentido de que la gente era amable con ella, se detenían a hablarle, a besarla o tocarle su pelo revuelto, y yo veía que no era tan importante ser prolijo, como ser educado y agradable a los demás, e intenté comenzar a practicarlo. Fue ahí que ella desapareció de mi vida hasta el día de hoy. Hoy quizá pueda decir que vienen para cambiarle a uno la vida en algún aspecto, sea este nimio o grande, sino no los recordaríamos y serían para nosotros personas comunes. Esto fue un pequeño homenaje a mi manera para el viejo Rodolfo, Doña Inés, Sergio (que sé que nos recuerda), Cecilia, el colorado Ernesto y algunos mas que no recuerdo hoy.
Intenta recordar los tuyos, tal vez sea un buen ejercicio y puedas aprender aún algo de ellos.

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