El que inspiraba menos confianza de los doctores que allí estaban, fue el que se acercó a aquel tipo:"No se preocupe Molina, vaya nomás. Fue un golpe fuerte, pero no corre riesgo. Vaya nomás Molina que ella está bien". El hombre sonrió de tal forma que casi dejó caer aquel pucho chiquito. El doctor le devolvió una sonrisa cansada, y se fue. Por la ventana la fila de gente buscando atención (viejos en su mayoría) se perdía en la oscuridad de la madrugada. Se los podía ver hablando. Hasta riendo.
Unos en compañía, otros solos, y muchos labios sin color. Faltaban unas horas aún para las seis, por lo que el hombre se sentó otra vez, y tragando el humo ahora con mayor gusto fijó su mirada en aquel baldosado:
"¿Viste Molina? ¡Un poco de suerte eh!" le dijo su pensamiento mientras su cara áspera dejaba esbozar la sonrisa más grande, la que dejó caer el cigarrillo a pesar de los carteles de No Fumar. Fue esa madrugada cuando empezó a recordar su vida y vio que no había sido tan mala después de todo, al menos hasta el momento, y que la suerte si lo había acompañado en varias ocasiones
Cincuenta y seis años atrás, el mundo lo había recibido, en un rincón de aquella pared caliente aún entonces, gracias a aquel panadero. El siempre le dice a la madre que se acuerda de aquellos cachorritos del dueño, que al igual que ellos buscaban calor: "Eras chico.¿Cómo te podés acordar?" Claro que la suerte lo acompañó siempre ¿Acaso no era suerte haber sido justo él, justo él, el hijo que su madre eligió conservar? Enseguida la imagen de su madre se le vino a la mente. "La gata" como le habían puesto de joven a aquella mujer, si que tenía historia.
Una vieja media agrandada siempre contaba la vez en que aquella muchachita de pantalones raídos y cara sufrida le pidió una mañana pasar al baño, tenía un embarazo muy avanzado: "Como no m´hija pasá" "Gracias doña. Permiso"
La vieja notando la demora contaba que entró a la media hora. Lo que pasó después, era su plato fuerte en el club al que iba los domingos a jugar a las cartas. Siempre le piden el bis de la historia. En el rincón contra la pileta, un recién nacido envuelto en una toalla grande emitía sus primeros llantos. La banderola abierta, testificaba en forma muda aquella escena.
"Pero Juan Carlos está al tanto de todo eh, yo se lo dije de chico" decía siempre la mujer y sacaba los ojos de las cartas y por arriba de los lentes miraba a alguna de sus compañeras. "Cuando la ve por la calle la mira con una cara"
El hombre seguía pensativo, sin quitar la vista de aquel suelo tan frío para los ojos.
El tiempo corría en silencio, con respeto hacia los que estaban allí. A sus males.
Enseguida se acordó de sus trece años, cuando aquel espejo medio sucio se convirtió en su confidente, cuando le preguntó a su madre por que le había puesto ese nombre tan feo, de la contestación que recibió a gritos:
"Vos casi me matás¿sabés? ¡No no sabés! ¡Ni te lo imaginás!...Tendrías que estar agradecido...¡Andáte!"
Aún no entendía a su madre, pero con el correr del tiempo había aprendido a no contradecirla, aunque seguía convencido que Martirio Jesús Molina no pegaba ni con moco. Con eso de "no pegar" le vino a la mente lo mal que se sintió la vez en que lo culparon por ser el único niño allí en la viña, de robarle al guacho aquel que él ni conocía aquella figurita rotosa que nunca quiso. Le vino a la mente la sarta de golpes sin pruebas delante del personal, y como se sintió. Pero mucho mas que eso recordó, ahora con rabia, como tubo que callar por necesidad.
Enderezó su cuerpo de golpe y miró hacia la ventana de la sala en donde su madre se encontraba. El vidrio traslúcido lo devolvió a su meditación, pero por un instante: "¿Usted es Molina?" le dijo un hombre de pie "Si, soy yo" contestó, al tiempo que se paraba del asiento "Mire... yo soy" Molina ya lo había reconocido, era el victimario de su madre, el de la bicicleta. "Ya sé quien es" y trató de evitarle al tipo tan incómoda presentación "Yo empiezo ahora ¿vio? y pasaba a ver como estaba" el hombre se sacó el sombrero y lo giraba mientras hablaba. Molina notó su nerviosidad. "Se va a poner bien, son unos golpes, ya está vieja y..." "Claro claro" fue lo que al tipo le salió, siempre girando el sombrero en las manos
"No sabe el alivio que siento. Con mi mujer no pudimos dormir en toda la noche, iba a venir antes pero..." "No se preocupe, vaya nomás, no sea cosa que llegue tarde.
Muchas gracias...gracias" El hombre lo saludó con un gesto desde la puerta mientras girando aún su gorro, se lo colocó en su cabeza sin pelo y subió en su bicicleta. Era diariero. Molina se sentó sonriendo con la mirada al piso, ya no tan frío, aunque era aún noche.
"¿Viste Molina? La gente es buena. La gente es buena Molina.
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