lunes, 11 de mayo de 2009

E-mail.

Desperté aturdido, nervioso. Sin pensar me dirigí a la cocina y noté simplemente que había tenido un sueño horrible, y que no me sentía muy bien. Todo era raro esa vez, mas que de costumbre, aunque desconocía el motivo. Tomé un vaso y lo llené de agua, probando el efecto del líquido sobre mi pesado ánimo.
El efecto fue el esperado, y no es reproducible en palabras el fastidio que llegué a experimentar nuevamente, mejor dicho la impotencia. Nuevamente me encontraba en mi lecho, y con pleno recuerdo de haber despertado anteriormente, lo cual me generaba un horror indescriptible. Pensé que si meditaba un tiempo y lograba una forma de despertar, quizás pudiese aquel día llegar a una solución. Miré a mí alrededor y sin dudarlo supe que estaba en mi dormitorio. Me venció la furia y salí corriendo a la calle. Las risas de la gente que por allí pasaba me alegraron, pues hicieron darme cuenta que estaba despierto realmente. Lo había logrado por fin.
Entré a mi casa por el desayuno y sin dudarlo salí a trabajar apurado, sin deducir aún que había despertado a la misma hora que la vez anterior
— ¿De que te reís? Me preguntaron varios
—me río porque pude despertar hoy.
—Eso se llama ser agradecido al señor—dijo una anciana—es usted un buen hombre.
Lo que no sabía la mujer es que la religión no formaba parte de aquel embrollo.
A las tres de la tarde sentí una sed como nunca antes había sentido.
En la fábrica hay expendedores de gaseosas, aunque opté por el pequeño barril de agua mineral desgasificada, ya que estaba yo en mi momento atlético, y no quise agregar entonces azúcar a mi organismo. El agua pasó a ser mi perdición. Al beber el primer sorbo, me hallé nuevamente en mi cama, a la misma hora en que me había despertado anteriormente. Rompí mi lecho a patadas, así como también los cuadros que yo mismo había pintado y algunos libros que por su espesor eran fáciles de manipular, y por lo tanto de destrozar. Recuerdo que luego lloré por un lapso de tiempo bastante extenso.
De rodillas ante mi cama, tuve una idea, y seis horas después (aclaro que me refiero a las horas posteriores a mi último despertar) me encontraba frente a la máquina expendedora de refrescos. Pensé por un instante romper en pedazos el pequeño barril de agua mineral, pero la mirada extraña de algunos de mis compañeros me llevaron a calmar mis ansias, además de que ya en la mañana había golpeado en mi furia varias paredes, por lo que estaba cansado. Opté esta vez por la bebida gaseosa a pesar de que mi ánimo de atleta seguía vigente, aunque no así mi ánimo de repetir aquel día cíclicamente. Digo “aquel día” porque parece que fue hace mucho, aunque teóricamente “aquel día” es hoy. Así es lector, no era el agua mineral la causante de mi retroceso, sino todo tipo de fluido que ingresa a mi organismo. Esto incluye por supuesto a las gaseosas. Esto no intenta ser un relato de una experiencia pasada, sino que créame usted que mientras lee esto, mi desesperación va en aumento, no quiero morir de sed aunque tampoco quiero volver a despertar. Por favor, ayúdeme.
Detrás de mí hay tres tipos que ni conozco, pero dicen tener una teoría acerca de mi problema. Discuten entre ellos en la mesa de este horrible lugar que por seguridad desconozco donde está, o sea que no se donde me encuentro ahora. Ellos parecen no estar preocupados, y simplemente escriben fórmulas en papeles interminables. Por suerte se ha inventado la Internet. La sed me quema interiormente. Espero que este lugar no sea tan secreto como para que alguien que lea esto no pueda mandarme (si es que la tiene) algún tipo de solución. Desde ya le agradezco. Aunque mientras escribía, en mi interior he decidido optar por la autoeliminación. Obtendré agua de algún sitio de este lugar de mierda y al despertar en mi cuarto, tomaré el arma de la mesa de luz, que me dejó mi padre. Deséeme suerte por favor.

* * * * * * * * * * * *

No hay comentarios: