A LA HORA DE LA SIESTA, BAILABA MALAMBO ARRIBA DE LA CHAPA
Qué hijo de puta el guacho este! Tendría unos siete años, no mas. Era como a las dos, dos y cuarto a mas tardar!
Yo llegaba muerto, cansado a tirarme a la catrera, la patrona dejaba siempre la comida servida, tapada con un repasador floreado. Con la panza llena me iba al cuarto, no sin antes observar mi nido de amor, tan blanco. Me gustaba mirar un rato desde el umbral de la puerta mi lecho, no se porque pero lo miraba, mas cuando tenía mucho sueño. Bueno la cosa es que cuando me acostaba, y la brisa vespertina colmaba mi piel y me acariciaba, y Morfeo con su pócima llamaba al sueño para que me visitara, ¡AJA! Este pendejo insolente de mi vecino tenía la costumbre de pararse sobre la chapa del rancho de al lado, y practicar sus pasos folclóricos, entre los aplausos de su madre, que con orgullo lo observaba desde abajo, las manos juntas sobre el pecho y una sonrisa de oreja a oreja.
"Míremelo al nene vecino! mire como baila!" Me decía la Doña mientras yo, desde la ventana asentía con la cabeza por no mandarla a freír papas! Retorciéndome el bigote derecho para "canalizar"
CANALIZAR
Y esto de canalizar me hizo acordar a algo que vi en la calle, como simple espectador hace ya algún tiempo
El Johnny (así lo anotó su madre, a pesar de ser muy uruguayito el) que ahora aboga por la paz y el amor, con rastas incluídas y todo, conversaba con quien escribe cierta vez en la vereda. El tema en cuestión no hace al asunto, por lo que paso a contar que cierto personaje pasó justo por la calle con su mano derecha vendada, y algunos rastros de sangre seca sobre aquel paño blanco. La conversación que surgió de estos ambos personajes fue algo así:
- Pa Johnny que haces? ¿En que andas loco?
- Yo aca nomás, en estas pocas vo, anduve ahí haciendo dedo por el Uruguay, estuvimos con el oreja vendiendo piedras y eso en el verano, zarpado estuvo.
¿Qué te pasó en la mano?
- Pa es una historia larga Johnny, para que te voy a aburrir.
- Ta pero se ve que te enojaste con alguien ¿no?, le habrás roto la cabeza a alguno.
Y he aquí el comentario que realmente me sorprendió, me hizo pensar que todo puede tener dos caras, que todo puede verse desde diversos ángulos, que cualquier acto es mas rico que lo que se ve a simple vista.
- Nooooo, todo lo contrario, casi hago eso, casi le rompo la cabeza. Pero tuve suerte; tuve suerte de que había una ventana cerca. Ventana cerrada además. Y bueno, apunté al vidrio derechito...¡Y CANALICÉ!
2 comentarios:
Hacé como Soliloquio y andate pa´l Resorte a tomar una.
Siempre ayuda.
Ah, y sobre el otro cuentito que me gustó mucho, tengo para compartir un caso cercano: Él, de carácter impetuoso, se había enojado mucho con su mujer. Ella lograba sacarlo de quicio dos por tres.
Así que esa noche, cuando la discusión había alcanzado decibeles altos, y cuando él notó que la vena de su cuello se había hinchado al triple de su tamaño, levantó la mano, apretó el puño y con toda su fuerza le dio una buena piña a la pared. Dejó un buraco. Y por supuesto anduvo enyesado los siguientes 2 meses.
Pero menos mal que estaba la pared para aguantarle el golpe... no queremos saber qué hubiera pasado si la discusión hubiera sido en el medio del campo. Pobre de ella !
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