lunes, 16 de marzo de 2009

Creaciones de mediodía

La flor en la ventana
Cuando la niña despertó, lo primero que hizo fue correr hacia su ventana: Había soñado que su flor había crecido durante la noche. Pero al verla comida por las hormigas, lágrimas salieron de sus ojos aún hinchados por el sueño. Fue desde entonces y a sus nueve años, que dejó de creer en los sueños y fue simplemente una mujer más.

Vigor
Breve reseña del vigor en tres simples frases.
1 - La suegra de Gustavo A. es vigorosa, alegre, buena persona.
2 - Se calló de la azotea el sábado, mientras tendía ropa con vigor y energía.
3 - Dicen los doctores que no hay vuelta atrás.

Hombre de palabra
Hubo quien en un momento de éxtasis de alegría prometió amor eterno. Hoy a sus sesenta y nueve años sigue siendo esclavo de sus propias palabras: es un HOMBRE DE PALABRA.

Distracciones
No miré hacia ambos lados, solo hacia uno. Pensaba en vos.

4 palabras
¿sirve un "no te amo más" para desaparecer en cuestión de segundos todo un sueño compartido?

Cumpleaños
"Que los cumplas feliz", te canta la muerte desde algún lado, mientras festejas con muchas velas, y escupís la torta por mas que no quieras, los flashes te obligan a sonreír por mas que no quieras. Ella con un vaso de agua te mira por T.V. aunque no quieras y aplaude a la par de los mortales a tu alrededor, familia y amigos. Y aunque tampoco quieras estará invitada alguna vez a tu fiesta.

Tic tac
Tic, tac, tic, tac. Te despierta el ruido de tu propio reloj a cuerda. Casi al instante cerrás nuevamente tus ojos y te abandonas al calor de lo que te cobija.
¿Qué sueño traerías contigo al abrir los ojos?¿Qué historia dejaste por el camino?¿Qué palabras?








1 comentario:

chica pastiche dijo...

me sentí identificada con la niña de la primer historia. tendría yo 10 años cuando me regalaron un gusanito de seda. lo guardaba en una canastita en donde le había hecho todo un parque de diversiones con hojitas y demás vegetales (desde chica se venía mi tendencia al paisajismo). Dormía con el gusanito al lado de mi cama, una ternura. Un día demañana, le fui a decir buenos días y vi, con dolor en el alma, como una hilera de hormigas que entraban por la ventana y se desplazaban por todo el cuarto zizagueando entre mis muebles, subían a la canastita y comían vivo al pobre gusanito que se retorcía de dolor luchando sin éxito contra la muerte. No digo que ahí ya me "hice mujer" como la niña de tu historia... pero prometí que de ahí en más mataría a todas las hormigas que se cruzaran en mi camino. Verídico. Digamos que la promesa no duró mucho tiempo ... hay demasiadas hormigas en el mundo...